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Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), cerca de la mitad de los inmigrantes en España son pobres. En relación con esta noticia, Blasting News realizó una entrevista con Neyvi Tolentino. En la misma, la abogada aportó su visión con respecto al tema.

“Nosotros en Tolentino Abogados trabajamos con extranjeros que vienen a invertir, residir y la gran mayoría de ellos traen sus ingresos para gastar en España, generan empleo. Por todo esto, siento que España ayuda y protege al inmigrante. El devenir de una persona no debería condicionarse nunca por su lugar de origen”, aseguró Neyvi Tolentino.

Además, en la entrevista con Neyvi Tolentino, la letrada destacó que “para ver esto, hay que salir de ciertos círculos sociales, donde se cree que el inmigrante no trabaja o simplemente es pobre. El inmigrante es emprendedor, se renueva, cree en sí mismo y se expande. Y prueba de ello son las numerosas actividades de emprendimientos donde suelo participar y conocer personas de todo el mundo. La mayoría de autónomos y emprendedores en España son extranjeros. Y éste titular, es el que deberían conocer muchos.”.

La entrevista con Neyvi Tolentino, realizada por la periodista Laura Bech, de Blasting News, sigue así:

Entrevista con Neyvi Tolentino: ‘España protege y ayuda al inmigrante’

Según la OCDE, cerca de la mitad de los inmigrantes es pobre en España: casos que demuestran lo contrario.

Neyvi Tolentino es de República Dominicana, allí mismo se licenció de abogada, luego estudió en Londres y cursó 3 masters en España. Su empresa es una de las más prestigiosas de Madrid en cuanto a inmigración y extranjería. “Nuestro despacho se especializa en clientes inversionistas, en extranjeros emprendedores que vienen a crear empleo, no a quitarlo. El devenir de una persona no debería condicionarse por su lugar de origen. La mayoría de emprendedores jóvenes en España son extranjeros.”

Consultada sobre las posibilidades de un inmigrante, Neyvi contesta que son las mismas o más que las de un español. “Una persona que cruza las fronteras, que quiere ampliar sus sueños, se arriesga a todo y al arriesgarse se le abre una abanico de posibilidades muy amplias. España protege y ayuda al inmigrante.”

Tolentino, que en la web de su despacho ofrece un espacio para consultas gratuitas, no cree que el extranjero ocupe un lugar de segunda categoría. “No siempre se emigra por tener pocas posibilidades en el país de origen. Se hace por abrir nuevas puertas y horizontes, por ampliarse al mundo, por crecer y multiplicarse.”

Historias en primera persona

Cornel Irimie llegó a España en agosto del 2004, el mismo día en el que cumplía 20 años. Partió desde Alba Iulia, Rumanía, en un autobús que tardó dos días y medio en llegar a Madrid. Se alojó con su padre, quien por aquella época trabajaba en Parla como electricista y soldador en el sector de la construcción. “Mi plan era emplearme en hostelería, porque había sido camarero en Rumanía durante las vacaciones de verano. Me había enterado de la famosa costumbre del cañeo y pensé ‘ahí hay trabajo´.”

De español sabía, según él, solo lo básico. “Antes de salir de casa a buscar trabajo practicaba un posible diálogo con el empleador”. Solo contaba con un diccionario y una guía de conversación rumano/español.

A la semana de haber llegado comenzó a trabajar en la obra junto con su padre. Y, a los 20 días, recuerda, lo contrataron como camarero en un tradicional bar de barrio. Desde el 2004 hasta el 2009, estuvo sin papeles aunque cada 4 meses presentaba la documentación por arraigo social o laboral. Cuando en el 2007 Rumanía ingresó a la Unión Europea obtuvo el permiso de residencia sin posibilidad de trabajar legalmente hasta dos años después. “Paradójicamente, trabajé de una manera más continuada y estable en los 5 años de irregular que después de obtener el permiso”.

Durante el 2006, junto con su padre compró una casa en Rahau, su pueblo natal, valorada en 30.000 €. Dos años después, Cornel adquirió su primer coche y comenzó a reformar la casa paterna.

Atravesando la crisis…

“Con la crisis surgieron cursos de formación que prometían inserción laboral al finalizarlos. Era muy famoso el de vigilante, era el más frecuente entre los chicos. Yo hice uno de Técnico de plataformas petrolíferas, que resultó ser un fiasco, no surgió ninguna oferta laboral después.” Para financiar esos estudios pidió un crédito bancario por 3.600 € que devolvió, trabajando de camarero, al año y medio.

A finales del 2012 compró un piso en Alba Iulia, la misma ciudad de la que había partido 8 años atrás. Cornel siente que no ha sabido aprovechar bien los tiempos de abundancia económica. “Pensaba que aquello nunca iba a acabar, derrochaba dinero en salidas, en beber y comer.”

Actualmente vive en Madrid y tiene un niño recién nacido. Asegura que eso le ha devuelto la ilusión y la energía. Está a la espera de un crédito bancario que le permita instalar un bar en su país y llevar la costumbre ibérica de la tapa gratis con la bebida. “Cuando tenga mi negocio en Rumanía, voy a volver a España de turista, para poder disfrutarla”.

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